Al margen de la narrativa hegemónica, ¿cómo tejer una memoria que permita vislumbrar nuevos horizontes de justicia? Reconociendo el carácter contrafactual de la historia, el curador Aldones Nino conversa con les pintores Herbert de Paz y Marcela Cantuária, quienes comparten impresiones sobre el papel de la imaginación frente a las constantes actualizaciones del proyecto colonial.
—FRANTZ FANON
Cuando miramos a la tradición pictórica en "las Américas", encontramos figuraciones que contribuyeron con la materialización de nuestra realidad sociopolítica. A través de la educación formal, la pintura fue usada para moldear la historia oficial y consecuentemente los imaginarios. Al estar frente a las pinturas de Herbert De Paz y Marcela Cantuária, vemos imágenes que rebalsan más allá de las determinaciones del mundo que nos rodea, abriendo así posibilidades de acceso no sólo a historias enterradas previamente, sino también a las fabulaciones que materializan irrealidades como proposiciones de futuros.
ALDONES NINO (AN): En algún momento, el pasado de nuestro presente fue apenas una proposición. Ésta, eventualmente, terminó materializándose como el suelo que ahora pisamos. En este sentido, sabemos que, al mismo tiempo en que ese pasado nos guió al presente, el mismo ya indicaba cuál sería el futuro deseado. Por lo tanto, vivimos una sobreposición del pasado-presente y del pasado-futuro. Localizándonos en este último, aún podemos ser agentes de cambio, donde el germen de lo que imaginamos puede alterar esa cadena de acontecimientos. En este sentido, ¿cuáles son las principales herencias que ustedes lanzan hacia los futuros?
Entiendo la herencia como el dar rostro, cuerpo, color y narrativa a aquellas cuya vida fue aniquilada por la estructura depredadora del capitalismo, el racismo y el patriarcado.
HDP: Desde los primordios de la pintura, ésta siempre fue usada para registrar o imaginar desde un acontecimiento real hasta la idea de otros planos, como el cielo o el infierno en la tradición cristiana europea, o espirituales como en las cosmovisiones indígenas. Pintura e imaginación están agarradas de las manos. Los antiguos escribas sabían muy bien eso.
MC: Soñar colectivamente siempre es un ejercicio dialéctico de reimaginación del pasado en donde tomamos prestadas la historia oficial y la transformamos en fabulaciones reales y posibles.
Todos los triunfos revolucionarios pasan por la imaginación antes de existir en el mundo.
HDP: En este ejercicio de mirar al pasado, la pintura puede servir como explosión que reinventa la memoria y trae cura a las heridas históricas, provocadas por el sometimiento colonial.
AN: La historia es una de las materias primas de sus composiciones, pero al mismo tiempo son puntos de partida. Otra de sus materias primas son aquellas problemáticas centrales que tienen fracturas dilaceradas, oscilando entre los archivos históricos y ansias oníricas. ¿Cómo es manipular la historia más allá de sus limitaciones lógicas, considerando así sus fallas como detonadoras de un proceso poético?
AN: Mirar al pasado es una estrategia que sirve como alerta frente a las innumerables actualizaciones del proyecto colonial, donde la producción artística, muchas veces fue manipulada para la construcción de la universalidad. ¿Cómo sería pensar en futuros donde cese la instrumentalización del arte contemporáneo por las élites políticas?
Las élites son responsables por la demarcación de las fronteras. Ante ello, el arte puede ser una herramienta para que podamos pensar nuestros territorios a partir de nuestras experiencias de resistencia y no de límites geográficos.
MC: Las imágenes tienen el poder de incomodar, inspirar, reflexionar... Creo fuertemente en el potencial del Sur Global para crear nuevas imágenes que puedan sulear una historia justa para los pueblos. Hay algo de derrotista en la idea de utopía, como si el sueño no bastase por sí solo.
HDP: ¿Cómo? A través de compartir principalmente con nuestros pares, trayendo narrativas que pueden despertar otras posibilidades de imaginario cuando se trata del pasado para pensar en posibles futuros a partir de ellos.

—FRANTZ FANON
Cuando miramos a la tradición pictórica en "las Américas", encontramos figuraciones que contribuyeron con la materialización de nuestra realidad sociopolítica. A través de la educación formal, la pintura fue usada para moldear la historia oficial y consecuentemente los imaginarios. Al estar frente a las pinturas de Herbert De Paz y Marcela Cantuária, vemos imágenes que rebalsan más allá de las determinaciones del mundo que nos rodea, abriendo así posibilidades de acceso no sólo a historias enterradas previamente, sino también a las fabulaciones que materializan irrealidades como proposiciones de futuros.
ALDONES NINO (AN): En algún momento, el pasado de nuestro presente fue apenas una proposición. Ésta, eventualmente, terminó materializándose como el suelo que ahora pisamos. En este sentido, sabemos que, al mismo tiempo en que ese pasado nos guió al presente, el mismo ya indicaba cuál sería el futuro deseado. Por lo tanto, vivimos una sobreposición del pasado-presente y del pasado-futuro. Localizándonos en este último, aún podemos ser agentes de cambio, donde el germen de lo que imaginamos puede alterar esa cadena de acontecimientos. En este sentido, ¿cuáles son las principales herencias que ustedes lanzan hacia los futuros?
Entiendo la herencia como el dar rostro, cuerpo, color y narrativa a aquellas cuya vida fue aniquilada por la estructura depredadora del capitalismo, el racismo y el patriarcado.

HDP: Desde los primordios de la pintura, ésta siempre fue usada para registrar o imaginar desde un acontecimiento real hasta la idea de otros planos, como el cielo o el infierno en la tradición cristiana europea, o espirituales como en las cosmovisiones indígenas. Pintura e imaginación están agarradas de las manos. Los antiguos escribas sabían muy bien eso.
MC: Soñar colectivamente siempre es un ejercicio dialéctico de reimaginación del pasado en donde tomamos prestadas la historia oficial y la transformamos en fabulaciones reales y posibles.
Todos los triunfos revolucionarios pasan por la imaginación antes de existir en el mundo.
HDP: En este ejercicio de mirar al pasado, la pintura puede servir como explosión que reinventa la memoria y trae cura a las heridas históricas, provocadas por el sometimiento colonial.

MC: Estoy de acuerdo. La narrativa política siempre está en disputa; por el poder mediático, por las instituciones, por el crimen organizado que destruye la placa de la calle que hace homenaje a Marielle Franco, por ejemplo. Hay dos caminos cuando nos encontramos con una pintura de la imaginación política, puedes pensar “es sólo una pintura” o “es una posibilidad”. Como ya tuve trabajos censurados, sé que en el fondo el neoliberalismo tiene miedo de la prefiguración de los horizontes de justicia a través del arte.
AN: La historia es una de las materias primas de sus composiciones, pero al mismo tiempo son puntos de partida. Otra de sus materias primas son aquellas problemáticas centrales que tienen fracturas dilaceradas, oscilando entre los archivos históricos y ansias oníricas. ¿Cómo es manipular la historia más allá de sus limitaciones lógicas, considerando así sus fallas como detonadoras de un proceso poético?
AN: Mirar al pasado es una estrategia que sirve como alerta frente a las innumerables actualizaciones del proyecto colonial, donde la producción artística, muchas veces fue manipulada para la construcción de la universalidad. ¿Cómo sería pensar en futuros donde cese la instrumentalización del arte contemporáneo por las élites políticas?

Las élites son responsables por la demarcación de las fronteras. Ante ello, el arte puede ser una herramienta para que podamos pensar nuestros territorios a partir de nuestras experiencias de resistencia y no de límites geográficos.
MC: Las imágenes tienen el poder de incomodar, inspirar, reflexionar... Creo fuertemente en el potencial del Sur Global para crear nuevas imágenes que puedan sulear una historia justa para los pueblos. Hay algo de derrotista en la idea de utopía, como si el sueño no bastase por sí solo.
HDP: ¿Cómo? A través de compartir principalmente con nuestros pares, trayendo narrativas que pueden despertar otras posibilidades de imaginario cuando se trata del pasado para pensar en posibles futuros a partir de ellos.
