Invitamos al artista y editor José Ruiz Díaz a reseñar la exposición "Aunque es de noche" del artista David Felipe Escobar en la galería Sketch en Bogotá (Nov 2024- Feb 2025), anotaciones sobre las fronteras entre lo posible y lo imposible desde el deseo.
Cuando el artista/cineasta Jack Smith terminó la película Flaming creatures en 1963, muchos teatros neoyorquinos se rehusaron a proyectarla. Durante una exhibición organizada por Jonas Mekas, la policía irrumpió en el lugar, confiscó las cintas y los equipos de proyección e inició un proceso legal en contra de lxs organizadores del evento, acusadxs de atentar contra la moralidad. En defensa de lo ocurrido, Susan Sontag escribió:
El único inconveniente de los planos detallados de penes flácidos y senos turgentes, de las escenas de masturbación y sexualidad bucal de Flaming Creatures, de Jack Smith, es que nos resulta difícil simplemente limitarnos a hablar sobre esta notable película: nos sentimos obligados a defenderla (…). Como es lógico, Flaming Creatures ultraja, y pretende hacerlo.
Esta película es uno de los proyectos más emblemáticos del cine queer de la década de los años sesenta sobre el que se estructuran muchos de los imaginarios de representación homoerótica actuales. Otras películas posteriores, como Pink Narcissus, de James Bidgood, propusieron nuevos lenguajes visuales para representar un cuerpo masculino que oscila entre el placer y el dolor. En esta época se consolidó una paleta de color, un prototipo de cuerpo masculino asociado al deseo y una sensibilidad estética vinculada al término camp, mismo que Sontag definió como amor a lo innatural, a lo artificial, a la exageración.
La exposición Aunque es de noche, de David Felipe Escobar, en la galería Sketch, Bogotá (Nov 2024 - Feb 2025), es heredera de este imaginario. Las habitaciones que el artista construyó con cortinas de terciopelo azul oscuro y suelo de espigas son una extensión de los cuartos que transita el protagonista de Pink Narcissus entre encuentros sexuales y sueños lúcidos en un paraíso homoerótico. Las situaciones que vive e imagina este hombre transcurrían en las pinturas suspendidas en las salas de la galería. Los conejos se encuentran en las pinturas y se reproducen en la película. En un paraíso donde el cielo siempre tiene una tonalidad color pastel, los hombres convertidos en sátiros se besan y masturban.
Mencionar el término camp para referirse a una exposición con jarrones en el piso, espigas como tapetes y donde las pinturas están enmarcadas con cadenas, puede entenderse como un lugar común carente de profundidad, más aún cuando el término se ha utilizado como forma de estigmatización: aquello que por su exageración resulta banal. No obstante, el título de la exposición refiere —de forma fortuita— a la novela The world in the evening, de Christopher Isherwood, donde se construye una de las primeras definiciones sobre este concepto. La noche que habitamos en compañía de otros cuerpos, según las palabras de Isherwood en correspondencia con las pinturas de David, es un momento de excitación emocional; es una noche con una oscuridad esclarecedora y, por eso mismo, lx espectadorx recorre la galería con la cabeza hacia arriba observando un paraíso celestial.
El cuerpo que recibe a lx espectadorx cuando entra a la galería —un hombre desnudo sobre un jardín— pertenece a una larga tradición de representación homoerótica. Este San Sebastián liberado del tronco al que fue amarrado para recibir su castigo, evidencia el repertorio visual del que parte el artista y los vínculos de su trabajo con la imaginería religiosa. La imagen de San Sebastián es un símbolo de la agresión y del deseo: un sujeto lanza una flecha sobre un hombre amarrado, la mirada del agresor, como el arma, penetra el cuerpo, lo desea. Esta ambigüedad en la representación del cuerpo masculino tiene una fuerte carga histórica, como señala el escritor Ronald Key:
Un santo cristiano invocado contra la enfermedad a lo largo de la época medieval, un símbolo de la juventud exquisita y sin barba de la belleza apolínea en el Renacimiento, un ejemplo de la androginia 'decadente' del siglo XIX y el emblema de la conciencia homosexual en el siglo XX, San Sebastián, hoy, ha mantenido su papel como un distintivo mártir 'perverso'. Debido en parte a la medicalización de la homosexualidad como una enfermedad distintivamente feminizante en el fin-de-siècle, Sebastián ha llegado a representar la formación y la autoformación del homosexual masculino moderno. Al negarse a ocupar su lugar con los íconos obsoletos de épocas anteriores, ha mejorado su posición como la imagen individual más exitosa de la identidad gay masculina moderna.
En Colombia, la imagen de San Sebastián ha sido recurrente en el trabajo de muchxs artistas. En 1998, la galería La Oficina en Medellín organizó la exposición San Sebastián en Colombia hoy con el trabajo de 28 artistas que interpretaron el ícono desde el sufrimiento. En esta recopilación el énfasis estaba en la violencia corporal entendida como un símbolo de opresión personal y colectiva. El trabajo de David, aunque es consciente de esa violencia, está inscrito en otro momento del martirio, cuando el sujeto se libera de las cargas corporales y se entrega al goce. En un panorama más amplio esto se puede entender como un cambio en la receptividad del público ante las representaciones queer. Aunque persiste la violencia sobre los cuerpos y las subjetividades no normativas, los organismos de poder ya no tienen la autoridad de hacer redadas para censurar películas o exposiciones.
En palabras de Luisebastián Sanabria, Aunque es de noche es “una instalación pictórica que recuerda con la tensión de las cadenas los lugares donde hubo seducción y castigo”. El carácter instalativo del proyecto evidencia la intención del artista por construir un escenario (rodeado por cortinas azules) desde donde pueda pensar otras formas de representación masculina emancipadas de la sociedad reguladora, aunque inscritas dentro de un sistema visual heredado. En efecto, la instalación pictórica se transformó durante una noche en un escenario para que los hombres desnudos de las pinturas interactuaran con el público, guiados por el sonido de un arpa, y el mundo terrenal se transformara en el paraíso celestial con el que sueña el artista como protagonista de Pink Narcissus.
Esta escenificación, como en el teatro o el cine, responde a un deseo por imaginar otros mundos posibles, una intención que comparten la gran mayoría de proyectos actuales hechos desde miradas queer. Estos otros mundos —propuestos desde Colombia— ocurren durante los encuentros de Danza subversiva que organiza House of Yeguazas en Espacio Odeón, se materializan en el primer número de la revista Anales del museo Q, sobre los diálogos entre los cuerpos no normativos dentro de la cultura, y nos llevan Al final del mundo con la propuesta que María Isabel Rueda presentó en el XI Premio Luis Caballero (2022). Cierro este texto con una cita de la filósofa colombiana Laura Quintana, en Políticas de los cuerpos, libro teórico sobre las transformaciones corporales que producen las prácticas emancipadoras:
Se trata entonces de fracturas que separan a los cuerpos del comportamiento que se les atribuye por clase, género o, en general, desde las asignaciones sociales identitarias (...). Heterotopías estéticas que tienen que ver con reconfiguraciones de las corporalidades en sus interacciones, que permiten desplegar otras formas de ser, sentir, decir; otros tratos con los otros; “otros espacios y posiciones a las atribuidas y naturalizadas”; y con esto también formas de experiencia que abren el campo de lo posible, problematizando las rígidas fronteras entre lo posible y lo imposible de las lógicas policiales.
[Registro de la exposición en sala realizado por Niko Jacob, cortesía de la galería]

Cuando el artista/cineasta Jack Smith terminó la película Flaming creatures en 1963, muchos teatros neoyorquinos se rehusaron a proyectarla. Durante una exhibición organizada por Jonas Mekas, la policía irrumpió en el lugar, confiscó las cintas y los equipos de proyección e inició un proceso legal en contra de lxs organizadores del evento, acusadxs de atentar contra la moralidad. En defensa de lo ocurrido, Susan Sontag escribió:
El único inconveniente de los planos detallados de penes flácidos y senos turgentes, de las escenas de masturbación y sexualidad bucal de Flaming Creatures, de Jack Smith, es que nos resulta difícil simplemente limitarnos a hablar sobre esta notable película: nos sentimos obligados a defenderla (…). Como es lógico, Flaming Creatures ultraja, y pretende hacerlo.
Esta película es uno de los proyectos más emblemáticos del cine queer de la década de los años sesenta sobre el que se estructuran muchos de los imaginarios de representación homoerótica actuales. Otras películas posteriores, como Pink Narcissus, de James Bidgood, propusieron nuevos lenguajes visuales para representar un cuerpo masculino que oscila entre el placer y el dolor. En esta época se consolidó una paleta de color, un prototipo de cuerpo masculino asociado al deseo y una sensibilidad estética vinculada al término camp, mismo que Sontag definió como amor a lo innatural, a lo artificial, a la exageración.
La exposición Aunque es de noche, de David Felipe Escobar, en la galería Sketch, Bogotá (Nov 2024 - Feb 2025), es heredera de este imaginario. Las habitaciones que el artista construyó con cortinas de terciopelo azul oscuro y suelo de espigas son una extensión de los cuartos que transita el protagonista de Pink Narcissus entre encuentros sexuales y sueños lúcidos en un paraíso homoerótico. Las situaciones que vive e imagina este hombre transcurrían en las pinturas suspendidas en las salas de la galería. Los conejos se encuentran en las pinturas y se reproducen en la película. En un paraíso donde el cielo siempre tiene una tonalidad color pastel, los hombres convertidos en sátiros se besan y masturban.
Mencionar el término camp para referirse a una exposición con jarrones en el piso, espigas como tapetes y donde las pinturas están enmarcadas con cadenas, puede entenderse como un lugar común carente de profundidad, más aún cuando el término se ha utilizado como forma de estigmatización: aquello que por su exageración resulta banal. No obstante, el título de la exposición refiere —de forma fortuita— a la novela The world in the evening, de Christopher Isherwood, donde se construye una de las primeras definiciones sobre este concepto. La noche que habitamos en compañía de otros cuerpos, según las palabras de Isherwood en correspondencia con las pinturas de David, es un momento de excitación emocional; es una noche con una oscuridad esclarecedora y, por eso mismo, lx espectadorx recorre la galería con la cabeza hacia arriba observando un paraíso celestial.
El cuerpo que recibe a lx espectadorx cuando entra a la galería —un hombre desnudo sobre un jardín— pertenece a una larga tradición de representación homoerótica. Este San Sebastián liberado del tronco al que fue amarrado para recibir su castigo, evidencia el repertorio visual del que parte el artista y los vínculos de su trabajo con la imaginería religiosa. La imagen de San Sebastián es un símbolo de la agresión y del deseo: un sujeto lanza una flecha sobre un hombre amarrado, la mirada del agresor, como el arma, penetra el cuerpo, lo desea. Esta ambigüedad en la representación del cuerpo masculino tiene una fuerte carga histórica, como señala el escritor Ronald Key:
Un santo cristiano invocado contra la enfermedad a lo largo de la época medieval, un símbolo de la juventud exquisita y sin barba de la belleza apolínea en el Renacimiento, un ejemplo de la androginia 'decadente' del siglo XIX y el emblema de la conciencia homosexual en el siglo XX, San Sebastián, hoy, ha mantenido su papel como un distintivo mártir 'perverso'. Debido en parte a la medicalización de la homosexualidad como una enfermedad distintivamente feminizante en el fin-de-siècle, Sebastián ha llegado a representar la formación y la autoformación del homosexual masculino moderno. Al negarse a ocupar su lugar con los íconos obsoletos de épocas anteriores, ha mejorado su posición como la imagen individual más exitosa de la identidad gay masculina moderna.
En Colombia, la imagen de San Sebastián ha sido recurrente en el trabajo de muchxs artistas. En 1998, la galería La Oficina en Medellín organizó la exposición San Sebastián en Colombia hoy con el trabajo de 28 artistas que interpretaron el ícono desde el sufrimiento. En esta recopilación el énfasis estaba en la violencia corporal entendida como un símbolo de opresión personal y colectiva. El trabajo de David, aunque es consciente de esa violencia, está inscrito en otro momento del martirio, cuando el sujeto se libera de las cargas corporales y se entrega al goce. En un panorama más amplio esto se puede entender como un cambio en la receptividad del público ante las representaciones queer. Aunque persiste la violencia sobre los cuerpos y las subjetividades no normativas, los organismos de poder ya no tienen la autoridad de hacer redadas para censurar películas o exposiciones.
En palabras de Luisebastián Sanabria, Aunque es de noche es “una instalación pictórica que recuerda con la tensión de las cadenas los lugares donde hubo seducción y castigo”. El carácter instalativo del proyecto evidencia la intención del artista por construir un escenario (rodeado por cortinas azules) desde donde pueda pensar otras formas de representación masculina emancipadas de la sociedad reguladora, aunque inscritas dentro de un sistema visual heredado. En efecto, la instalación pictórica se transformó durante una noche en un escenario para que los hombres desnudos de las pinturas interactuaran con el público, guiados por el sonido de un arpa, y el mundo terrenal se transformara en el paraíso celestial con el que sueña el artista como protagonista de Pink Narcissus.
Esta escenificación, como en el teatro o el cine, responde a un deseo por imaginar otros mundos posibles, una intención que comparten la gran mayoría de proyectos actuales hechos desde miradas queer. Estos otros mundos —propuestos desde Colombia— ocurren durante los encuentros de Danza subversiva que organiza House of Yeguazas en Espacio Odeón, se materializan en el primer número de la revista Anales del museo Q, sobre los diálogos entre los cuerpos no normativos dentro de la cultura, y nos llevan Al final del mundo con la propuesta que María Isabel Rueda presentó en el XI Premio Luis Caballero (2022). Cierro este texto con una cita de la filósofa colombiana Laura Quintana, en Políticas de los cuerpos, libro teórico sobre las transformaciones corporales que producen las prácticas emancipadoras:
Se trata entonces de fracturas que separan a los cuerpos del comportamiento que se les atribuye por clase, género o, en general, desde las asignaciones sociales identitarias (...). Heterotopías estéticas que tienen que ver con reconfiguraciones de las corporalidades en sus interacciones, que permiten desplegar otras formas de ser, sentir, decir; otros tratos con los otros; “otros espacios y posiciones a las atribuidas y naturalizadas”; y con esto también formas de experiencia que abren el campo de lo posible, problematizando las rígidas fronteras entre lo posible y lo imposible de las lógicas policiales.
[Registro de la exposición en sala realizado por Niko Jacob, cortesía de la galería]





