Eterno Vulnerável (primer exposición individual de la artista Castiel Vitorino Brasileiro) propone pensar la libertad no como un concepto cerrado, sino como una experiencia frágil que necesita cuidado. Presentada en el Solar dos Abacaxis (Río de Janeiro), la exposición reunió más de 40 obras inéditas que articulan memoria, cuerpo y espiritualidad desde una práctica profundamente colectiva. Entre cerámicas, pinturas, gestos rituales y arquitecturas simbólicas, la artista construye espacios donde recordar es un acto de resistencia y la memoria, una forma de prosperidad. Invitamos al curador y editor Rodrigo Lopes a escribir sobre esta exposición y a pensar cómo, entre tierra, tiempo y saudade, el arte puede sostener lo que insiste en permanecer.
El final de una historia no ocurre sólo porque la olvidamos,
pues el recuerdo es un polvo que existe porque antes hubo mar.
Castiel Vitorino Brasileiro
Todas las religiones construyen objetos para la protección de algo. Estos son guardianes del misterio. En el catolicismo, tenemos el sagrario, donde se guardan las hostias consagradas. En las iglesias evangélicas, hay frascos donde se conserva el aceite ungido. En los candomblés y umbandas, nos encontramos las cuartinhas, pequeños jarros usados para almacenar agua con propósitos espirituales. Una de las características comunes de la tradición africana y afrobrasileña se encuentra en la asociación del valor del arte con su función. Diferente a la percepción occidenntal, la belleza y la utilidad no están separadas. Cuando observamos una escuela de samba, si los disfraces no nos maravillan, no nos sirve de nada. El arte existe para encantarnos.
Con sede en Solar dos Abacaxis, en Río de Janeiro, la exposición Eterno Vulnerável reunió 40 obras inéditas producidas por la artista Castiel Vitorino Brasileiro. Con curaduría de Bernardo Mosqueira y Matheus Morani, la muestra discutía una cuestión fundamental para nuestros tiempos: la noción de libertad. Esta fue su primera exposición individual institucional de gran escala en Brasil, celebrando 10 años de carrera. Nacida y criada en Vitória, Castiel también se desempeña como escritora y psicóloga clínica, aspectos que se entrelazan en su práctica artística.
El título de la exposición se basa en la libertad como experiencia. No se trata de determinar un significado definitivo para la idea de libertad, aprisionándola, sino de crear una estructura efímera para que esté protegida, asegurando sus múltiples condiciones de existencia y permanencia. Esta combinación de la dimensión temporal de la libertad y del cuidado, es algo que se repite dentro de sus “espacios perecibles de libertad”, instalaciones inspiradas en las casas de culto afro-brasileñas que nos invitan a repensar nuestra relación con la vida.
Dentro de su práctica artística, la memoria es prosperidad. Reside en recordar que existe una historia que nos antecede y que sigue ocurriendo independientemente de todas las violencias inevitables. Aún así, la prosperidad de la memoria no residiría únicamente en la acción de recordar, sino además en los esfuerzos que hacemos para honrar y venerar esas memorias. En la entrada de la exposición, éramos recibidas por Ingrid (2025), cuatro pinturas vibrantes a gran escala con motivos no figurativos. Estos estandartes, que llevaban el nombre de la madre de la artista, son decorados con poemas, rezos, números, fechas, pajas y manos pintadas que crean una atmósfera de templo.
A través de ellas, entrevemos un conjunto de cerámicas esmaltadas en su interior. Similares a los nidos de pájaros y mariposas, se trata de los Casulos (2024-): cerámicas inspiradas en el cosmograma bakongo que representa la existencia como un ciclo basado en una idea espiral del tiempo. Pequeños altares hechos para guardar los sueños de los ángeles y donde perdemos nuestras lágrimas. Rodeada de tierra, esta instalación envolvente invitaba a las personas a entrar en el espacio y ensuciarse. El retorno a la tierra, signo de fertilidad, se manifiesta en la presencia de este material en sus obras recientes, como Montando a história da vida [Ensamblando la historia de la vida], exhibida en la 35ª Bienal de São Paulo, un gran pedazo de tierra dentro del museo.
La práctica colectiva es algo presente en la trayectoria de la artista, desde los grupos de estudio en Psicología Corporal, durante la licenciatura, pasando por el Método Elementar, una propuesta clínica desarrollada a lo largo de la maestría en Psicología Clínica, hasta llegar a Digamella, escuela de arte fundada por ella en 2024. Los ejercicios corporales, de pinturas y dibujos hechos en grupo, son el punto de partida de las pinturas de la serie Método Elementar que manifiesta el carácter colectivo de su arte, siendo un proceso tanto espiritual como clínico.
Esta dimensión corporal de la memoria también puede ser vista en el vídeo Abre Alas (2025), en el que acompañamos a la artista en un viaje por los paisajes de Marruecos. En la cultura carnavalesca brasileña, el abre-alas es el carro alegórico que va al frente del desfile de carnaval, abriendo paso a lo que está por venir. En él, podemos ver a la artista coreografiar un conjunto de gestos con las manos. Una danza silenciosa en el desierto, un profundo estado de meditación y concentración. Se mueve como si estuviera dibujando, esbozando líneas y puntos en el aire, borrando la frontera entre performance y ritual. Ese repertorio de movimientos está presente en las prácticas de sanación realizadas por las bedezeiras, figuras importantes en la historia personal de la artista: mujeres cuyo toque moldeó su infancia y su relación con el arte.
Caminando por el espacio expositivo, encontramos el conjunto de dibujos Minhas Inspiraçoes [Mis inspiraciones] (2025) y las pinturas de la serie Lembranças de Infância [Recuerdos de la infancia] (2018), obras de su abuela Julite Loureiro Brasileiro. Jarrones de flores en diferentes colores y formas se esparcen por las paredes de la exposición, remitiendo a un género clásico de pintura académica europea: naturaleza muerta. Sin embargo, el jardín de Julite no se limita a referenciar la historia del arte occidental. Durante su infancia, la artista creció viendo a su abuela pintando cuadros para regalarle a sus familiares y personas queridas. La presencia de Julite y otras mujeres en su exposición suspende la idea sobre “individualidad”. La participación de familiares de artistas en sus producciones rechaza directamente el mito de la genialidad, fenómeno que transforma artistas en “íconos”, “productos” o “tokens” dentro de las instituciones del arte.
Durante su residencia en la Cité Internationale des Arts en Paris, durante el 2024, Castiel se dedicó a estudiar pintura clásica y académica, un repertorio que la artista articula con gracia junto con sus referencias artísticas de base familiar. Vemos imágenes de su tierra natal tanto en las pinturas de gran escala Plantas, sol e água (2024-) como en Quintais (2024). Un conjunto de pinturas en pequeño formato muestran escenas cotidianas, donde figuran casas, plantas y peces en tonos terrosos y calientes. Estos paisajes de descanso y abundancia hacen referencia al Morro da fonte Grande, ubicado en el macizo central de la Isla, que desde el siglo XVII ya estaba habitado por pueblos indígenas y por personas negras esclavizadas que habían escapado. Despertar, rezar, cocinar, comer, dormir: gestos que alimentan el cuerpo y el alma.
Não dá pra não pensar em você [No puedo dejar de pensar en ti] (2025) es una serie de quince esculturas de madera adornadas con fragmentos de cerámica colorida y espejos. Hechas con dormentes, una madera robusta usada en grandes construcciones, cada pieza pesa alrededor de 100 kilos. Apiladas una sobre otra, reposan sobre una estructura fuerte inspirada en las mastabas, tumbas rectangulares del Antiguo Egipto construidas con barro o piedra. Juntas forman una arquitectura de la saudade y memorializan a la madre de la artista, desaparecida hace 15 años. Frente a estas obras, se confronta el peso del tiempo.
Como técnica que llegó a la vida de la artista a los diez años, los mosaicos son metáforas de la dimensión fragmentada de la memoria, presentes en esculturas o en composiciones dentro de sus pinturas. Acercándose a esta milenaria técnica, su obra reconstruye imágenes que existen en el mundo pero fueron destrozadas por el trauma, el abandono y la separación. Al encajar y reordenar estos fragmentos del tiempo, su arte nos recuerda que nosotrxs también podemos hacer esto con los muchos pedazos de nuestra historia. Este no es nuestro final.

El final de una historia no ocurre sólo porque la olvidamos,
pues el recuerdo es un polvo que existe porque antes hubo mar.
Castiel Vitorino Brasileiro
Todas las religiones construyen objetos para la protección de algo. Estos son guardianes del misterio. En el catolicismo, tenemos el sagrario, donde se guardan las hostias consagradas. En las iglesias evangélicas, hay frascos donde se conserva el aceite ungido. En los candomblés y umbandas, nos encontramos las cuartinhas, pequeños jarros usados para almacenar agua con propósitos espirituales. Una de las características comunes de la tradición africana y afrobrasileña se encuentra en la asociación del valor del arte con su función. Diferente a la percepción occidenntal, la belleza y la utilidad no están separadas. Cuando observamos una escuela de samba, si los disfraces no nos maravillan, no nos sirve de nada. El arte existe para encantarnos.
Con sede en Solar dos Abacaxis, en Río de Janeiro, la exposición Eterno Vulnerável reunió 40 obras inéditas producidas por la artista Castiel Vitorino Brasileiro. Con curaduría de Bernardo Mosqueira y Matheus Morani, la muestra discutía una cuestión fundamental para nuestros tiempos: la noción de libertad. Esta fue su primera exposición individual institucional de gran escala en Brasil, celebrando 10 años de carrera. Nacida y criada en Vitória, Castiel también se desempeña como escritora y psicóloga clínica, aspectos que se entrelazan en su práctica artística.
El título de la exposición se basa en la libertad como experiencia. No se trata de determinar un significado definitivo para la idea de libertad, aprisionándola, sino de crear una estructura efímera para que esté protegida, asegurando sus múltiples condiciones de existencia y permanencia. Esta combinación de la dimensión temporal de la libertad y del cuidado, es algo que se repite dentro de sus “espacios perecibles de libertad”, instalaciones inspiradas en las casas de culto afro-brasileñas que nos invitan a repensar nuestra relación con la vida.
Dentro de su práctica artística, la memoria es prosperidad. Reside en recordar que existe una historia que nos antecede y que sigue ocurriendo independientemente de todas las violencias inevitables. Aún así, la prosperidad de la memoria no residiría únicamente en la acción de recordar, sino además en los esfuerzos que hacemos para honrar y venerar esas memorias. En la entrada de la exposición, éramos recibidas por Ingrid (2025), cuatro pinturas vibrantes a gran escala con motivos no figurativos. Estos estandartes, que llevaban el nombre de la madre de la artista, son decorados con poemas, rezos, números, fechas, pajas y manos pintadas que crean una atmósfera de templo.
A través de ellas, entrevemos un conjunto de cerámicas esmaltadas en su interior. Similares a los nidos de pájaros y mariposas, se trata de los Casulos (2024-): cerámicas inspiradas en el cosmograma bakongo que representa la existencia como un ciclo basado en una idea espiral del tiempo. Pequeños altares hechos para guardar los sueños de los ángeles y donde perdemos nuestras lágrimas. Rodeada de tierra, esta instalación envolvente invitaba a las personas a entrar en el espacio y ensuciarse. El retorno a la tierra, signo de fertilidad, se manifiesta en la presencia de este material en sus obras recientes, como Montando a história da vida [Ensamblando la historia de la vida], exhibida en la 35ª Bienal de São Paulo, un gran pedazo de tierra dentro del museo.
La práctica colectiva es algo presente en la trayectoria de la artista, desde los grupos de estudio en Psicología Corporal, durante la licenciatura, pasando por el Método Elementar, una propuesta clínica desarrollada a lo largo de la maestría en Psicología Clínica, hasta llegar a Digamella, escuela de arte fundada por ella en 2024. Los ejercicios corporales, de pinturas y dibujos hechos en grupo, son el punto de partida de las pinturas de la serie Método Elementar que manifiesta el carácter colectivo de su arte, siendo un proceso tanto espiritual como clínico.
Esta dimensión corporal de la memoria también puede ser vista en el vídeo Abre Alas (2025), en el que acompañamos a la artista en un viaje por los paisajes de Marruecos. En la cultura carnavalesca brasileña, el abre-alas es el carro alegórico que va al frente del desfile de carnaval, abriendo paso a lo que está por venir. En él, podemos ver a la artista coreografiar un conjunto de gestos con las manos. Una danza silenciosa en el desierto, un profundo estado de meditación y concentración. Se mueve como si estuviera dibujando, esbozando líneas y puntos en el aire, borrando la frontera entre performance y ritual. Ese repertorio de movimientos está presente en las prácticas de sanación realizadas por las bedezeiras, figuras importantes en la historia personal de la artista: mujeres cuyo toque moldeó su infancia y su relación con el arte.
Caminando por el espacio expositivo, encontramos el conjunto de dibujos Minhas Inspiraçoes [Mis inspiraciones] (2025) y las pinturas de la serie Lembranças de Infância [Recuerdos de la infancia] (2018), obras de su abuela Julite Loureiro Brasileiro. Jarrones de flores en diferentes colores y formas se esparcen por las paredes de la exposición, remitiendo a un género clásico de pintura académica europea: naturaleza muerta. Sin embargo, el jardín de Julite no se limita a referenciar la historia del arte occidental. Durante su infancia, la artista creció viendo a su abuela pintando cuadros para regalarle a sus familiares y personas queridas. La presencia de Julite y otras mujeres en su exposición suspende la idea sobre “individualidad”. La participación de familiares de artistas en sus producciones rechaza directamente el mito de la genialidad, fenómeno que transforma artistas en “íconos”, “productos” o “tokens” dentro de las instituciones del arte.
Durante su residencia en la Cité Internationale des Arts en Paris, durante el 2024, Castiel se dedicó a estudiar pintura clásica y académica, un repertorio que la artista articula con gracia junto con sus referencias artísticas de base familiar. Vemos imágenes de su tierra natal tanto en las pinturas de gran escala Plantas, sol e água (2024-) como en Quintais (2024). Un conjunto de pinturas en pequeño formato muestran escenas cotidianas, donde figuran casas, plantas y peces en tonos terrosos y calientes. Estos paisajes de descanso y abundancia hacen referencia al Morro da fonte Grande, ubicado en el macizo central de la Isla, que desde el siglo XVII ya estaba habitado por pueblos indígenas y por personas negras esclavizadas que habían escapado. Despertar, rezar, cocinar, comer, dormir: gestos que alimentan el cuerpo y el alma.
Não dá pra não pensar em você [No puedo dejar de pensar en ti] (2025) es una serie de quince esculturas de madera adornadas con fragmentos de cerámica colorida y espejos. Hechas con dormentes, una madera robusta usada en grandes construcciones, cada pieza pesa alrededor de 100 kilos. Apiladas una sobre otra, reposan sobre una estructura fuerte inspirada en las mastabas, tumbas rectangulares del Antiguo Egipto construidas con barro o piedra. Juntas forman una arquitectura de la saudade y memorializan a la madre de la artista, desaparecida hace 15 años. Frente a estas obras, se confronta el peso del tiempo.
Como técnica que llegó a la vida de la artista a los diez años, los mosaicos son metáforas de la dimensión fragmentada de la memoria, presentes en esculturas o en composiciones dentro de sus pinturas. Acercándose a esta milenaria técnica, su obra reconstruye imágenes que existen en el mundo pero fueron destrozadas por el trauma, el abandono y la separación. Al encajar y reordenar estos fragmentos del tiempo, su arte nos recuerda que nosotrxs también podemos hacer esto con los muchos pedazos de nuestra historia. Este no es nuestro final.


