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El eco de mi padre
Luisebastián Sanabria
Colombia
2026.02.25
Tiempo de lectura: 7 minutos

I

Hay una hora en la que huele a cacho quemado. Es el olor de los sahumerios de las brujas, de sus trabajos después de medianoche. Es intenso para quien cree y no es débil. Y un juego de sombras, presiones contra los elegidos. Contra los atormentados mientras duermen —como los describe mi padre—, que sólo hablan de la perturbación hasta el día siguiente. Esto ocurre en las calles altas del pueblo, por la loma y bordeando la quebrada. Los gallinazos vigilan desde las ramas de los árboles más pequeños. El juego se repite en mi habitación. He sido elegido. No conozco la noche tranquila. Y es curioso. Cuando vengo a visitar a mi padre, no hay olores ni sombras. Pero no hace falta. Están las historias del fin del mundo. Su voz por toda la casa.

De día

—Estamos próximos a la venida del Señor. Estos ya son tiempos finales. Mateo 24 nos enseña la venida de Cristo, que se inició desde el momento en que fue nombrada Israel, el 14 de mayo de 1948, como nación independiente y como pueblo de Dios. Dice la Biblia que todas las señales están escritas. Se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores. Dice que de esta generación no pasará. Según la Biblia, una generación dura entre setenta y ochenta y cinco años. Porque las señales ya las estamos viendo. Por eso calculamos esa cifra, la más alta, 85 años, que es la edad promedio que vivimos hoy en día. Si sumamos 1948 y 85, da 2033. Estamos en el 2025 y faltan siete años. Pero la Biblia nos enseña que la última semana, en el libro del profeta Daniel, es la última de las setenta semanas que el ángel le mostró al profeta Daniel. Que la última semana son los siete años de la tribulación: tres y medio de la tribulación y tres años y medio de la gran tribulación. La tribulación son cosas que se vienen, que jamás, dice la Biblia, jamás se han vivido. Son tiempos difíciles los que se vienen. Durante esos siete años, hijo —se dirige a mí y por primera vez me mira a los ojos—, viene el anticristo. Entonces, esa es la segunda venida de Cristo para salvar a su pueblo, Israel. Pero antes de eso, viene el rapto de la iglesia, de nosotros, que somos la iglesia —dice “nosotros” mientras imagina que soy otro hijo o que Dios logrará transformarme—. Cuando vino Jesús, el pueblo de Israel no creyó que él era el Mesías porque nació en humildad y pobreza. Aunque ya hay judíos que se llaman mesiánicos y han aceptado a Jesús como su salvador, son varios miles. Pero la mayoría de los judíos no cree en Jesús; todavía esperan a que llegue el mesías y sea rey. Y eso no es así. Va a venir el rapto de la iglesia. Eso está en 1 Tesalonicense, capítulo 4, versículos 16-18. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos raptados. Rapto en el hebrero significa “arpazo”. O sea, será de un momento a otro. Como un león le cae a su presa. Así. Dice la Biblia que seremos arrebatados, en un abrir y cerrar de ojos, a la voz de trompeta, a la voz del arcángel y a la voz de Dios. Primero resucitarán los que murieron en Cristo, desde Pentecostés, desde que Jesús resucitó y se presentó ante los discípulos, hasta el día de hoy. Primero resucitarán ellos. Y luego los que estemos vivos seremos arrebatados, pero no en este cuerpo. Toda esta ropa se va a quedar. Ese día es un instante. Va a haber una catástrofe. Va a haber pilotos cristianos que serán arrebatados. Los aviones se van a estrellar. Los carros se van a chocar. Será un caos porque seremos millones los que partiremos. Pero el mundo va a creer otra cosa, que son los ovnis. Porque desde 1946 empezaron a decir que hay ovnis. El mundo va a creer eso: que fueron ellos quienes arrebataron a la iglesia de Cristo. Entonces se viene un caos tremendo, una descompensación mundial y la confrontación entre Rusia, que se asocia con Irán, Turquía y cinco países de los Emiratos Árabes, contra Israel. Porque todo esto es contra Israel. Estados Unidos no aparece en la Biblia. Dicen los teólogos que el rapto, que el mayor número que será raptado será de Suramérica, porque somos los más creyentes en Jesucristo como mesías. Por eso la mayor parte será rapta aquí. Y los países encabezados por Rusia se opondrán a Israel. Estados Unidos se va a meter en esa vaca loca. No sabemos si será por una bomba atómica. Pero van a desaparecer. Ellos no figuran en la Biblia. En la Biblia sólo aparecen cinco países de Europa y cinco de Medio Oriente, que son los que van a quedar. Dice que Persia, hoy en día llamada Irán. Dice Gog, que es Rusia. Esos países atacarán el continente americano. Suponemos que será por la bomba atómica que todo el continente muera. Ahí es donde va a parecer el anticristo, un pacificador. Y él va a engañar al pueblo de Israel con una paz firmada durante siete años, asegurándoles que nadie los va a atacar. Cuando se firme ese pacto, se sabrá que ya viene. Antes de eso, el G10 constará de diez naciones. Por ahora, existen siete, siete potencias. Cuando se formen y se reúnan los diez y haya una sola moneda, habrá llegado el anticristo. Desaparecerán los que somos la iglesia. Mucho cristiano que se va a quedar. Entonces, ese pacificador, durante tres años y medio, hará maravillas. Luego, tumbará el firmado de paz y del abismo serán desatados cuatro demonios con poder. Vendrá la marca para realizar transacciones a nivel mundial. Una marca en la frente o en la mano derecha.

II

Cada consulta a un brujo trae consigo ataduras de legiones demoníacas. Una legión es de seis mil demonios. Mi padre viajaba hasta Bucaramanga a ver a un brujo de la capital —iba con fe al barrio Gaitán y a las jornadas extraordinarias en el Hotel Chicamocha. De regreso en el pueblo, prendía velones y echaba chorros de agua rezada en la puerta del negocio. Quería liberarse de los amarres a sus pies. Hacer lo que fuera necesario. Entonces consultó a una médium de José Gregorio Hernández y me llevó con él. El consultorio era tibio: un cuarto pequeño del garaje de esa casa y una pintura del santo en la parte más alta de la pared, al lado de un reloj de números romanos. Cuarenta años después, mi padre va directo a la Biblia, frena los días, lidera guerras espirituales a las once de la mañana, se limpia de entierros, se prepara para la ira de Dios. Me lee y advierte lo que le viene al mundo por encima, cuál es el camino al desierto.

Sigue leyendo este ensayo en nuestro reader II de nuestra residencia el cantar del caos mundo: comenzar el desvío, pronto en librerías.

 

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Créditos: Fotografía análoga por Angy de la Rosa como parte del registro documental de El Cantar del Caos-Mundo, Travesías Terremoto, 2025. República Dominicana.

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I

Hay una hora en la que huele a cacho quemado. Es el olor de los sahumerios de las brujas, de sus trabajos después de medianoche. Es intenso para quien cree y no es débil. Y un juego de sombras, presiones contra los elegidos. Contra los atormentados mientras duermen —como los describe mi padre—, que sólo hablan de la perturbación hasta el día siguiente. Esto ocurre en las calles altas del pueblo, por la loma y bordeando la quebrada. Los gallinazos vigilan desde las ramas de los árboles más pequeños. El juego se repite en mi habitación. He sido elegido. No conozco la noche tranquila. Y es curioso. Cuando vengo a visitar a mi padre, no hay olores ni sombras. Pero no hace falta. Están las historias del fin del mundo. Su voz por toda la casa.

De día

—Estamos próximos a la venida del Señor. Estos ya son tiempos finales. Mateo 24 nos enseña la venida de Cristo, que se inició desde el momento en que fue nombrada Israel, el 14 de mayo de 1948, como nación independiente y como pueblo de Dios. Dice la Biblia que todas las señales están escritas. Se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores. Dice que de esta generación no pasará. Según la Biblia, una generación dura entre setenta y ochenta y cinco años. Porque las señales ya las estamos viendo. Por eso calculamos esa cifra, la más alta, 85 años, que es la edad promedio que vivimos hoy en día. Si sumamos 1948 y 85, da 2033. Estamos en el 2025 y faltan siete años. Pero la Biblia nos enseña que la última semana, en el libro del profeta Daniel, es la última de las setenta semanas que el ángel le mostró al profeta Daniel. Que la última semana son los siete años de la tribulación: tres y medio de la tribulación y tres años y medio de la gran tribulación. La tribulación son cosas que se vienen, que jamás, dice la Biblia, jamás se han vivido. Son tiempos difíciles los que se vienen. Durante esos siete años, hijo —se dirige a mí y por primera vez me mira a los ojos—, viene el anticristo. Entonces, esa es la segunda venida de Cristo para salvar a su pueblo, Israel. Pero antes de eso, viene el rapto de la iglesia, de nosotros, que somos la iglesia —dice “nosotros” mientras imagina que soy otro hijo o que Dios logrará transformarme—. Cuando vino Jesús, el pueblo de Israel no creyó que él era el Mesías porque nació en humildad y pobreza. Aunque ya hay judíos que se llaman mesiánicos y han aceptado a Jesús como su salvador, son varios miles. Pero la mayoría de los judíos no cree en Jesús; todavía esperan a que llegue el mesías y sea rey. Y eso no es así. Va a venir el rapto de la iglesia. Eso está en 1 Tesalonicense, capítulo 4, versículos 16-18. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos raptados. Rapto en el hebrero significa “arpazo”. O sea, será de un momento a otro. Como un león le cae a su presa. Así. Dice la Biblia que seremos arrebatados, en un abrir y cerrar de ojos, a la voz de trompeta, a la voz del arcángel y a la voz de Dios. Primero resucitarán los que murieron en Cristo, desde Pentecostés, desde que Jesús resucitó y se presentó ante los discípulos, hasta el día de hoy. Primero resucitarán ellos. Y luego los que estemos vivos seremos arrebatados, pero no en este cuerpo. Toda esta ropa se va a quedar. Ese día es un instante. Va a haber una catástrofe. Va a haber pilotos cristianos que serán arrebatados. Los aviones se van a estrellar. Los carros se van a chocar. Será un caos porque seremos millones los que partiremos. Pero el mundo va a creer otra cosa, que son los ovnis. Porque desde 1946 empezaron a decir que hay ovnis. El mundo va a creer eso: que fueron ellos quienes arrebataron a la iglesia de Cristo. Entonces se viene un caos tremendo, una descompensación mundial y la confrontación entre Rusia, que se asocia con Irán, Turquía y cinco países de los Emiratos Árabes, contra Israel. Porque todo esto es contra Israel. Estados Unidos no aparece en la Biblia. Dicen los teólogos que el rapto, que el mayor número que será raptado será de Suramérica, porque somos los más creyentes en Jesucristo como mesías. Por eso la mayor parte será rapta aquí. Y los países encabezados por Rusia se opondrán a Israel. Estados Unidos se va a meter en esa vaca loca. No sabemos si será por una bomba atómica. Pero van a desaparecer. Ellos no figuran en la Biblia. En la Biblia sólo aparecen cinco países de Europa y cinco de Medio Oriente, que son los que van a quedar. Dice que Persia, hoy en día llamada Irán. Dice Gog, que es Rusia. Esos países atacarán el continente americano. Suponemos que será por la bomba atómica que todo el continente muera. Ahí es donde va a parecer el anticristo, un pacificador. Y él va a engañar al pueblo de Israel con una paz firmada durante siete años, asegurándoles que nadie los va a atacar. Cuando se firme ese pacto, se sabrá que ya viene. Antes de eso, el G10 constará de diez naciones. Por ahora, existen siete, siete potencias. Cuando se formen y se reúnan los diez y haya una sola moneda, habrá llegado el anticristo. Desaparecerán los que somos la iglesia. Mucho cristiano que se va a quedar. Entonces, ese pacificador, durante tres años y medio, hará maravillas. Luego, tumbará el firmado de paz y del abismo serán desatados cuatro demonios con poder. Vendrá la marca para realizar transacciones a nivel mundial. Una marca en la frente o en la mano derecha.

II

Cada consulta a un brujo trae consigo ataduras de legiones demoníacas. Una legión es de seis mil demonios. Mi padre viajaba hasta Bucaramanga a ver a un brujo de la capital —iba con fe al barrio Gaitán y a las jornadas extraordinarias en el Hotel Chicamocha. De regreso en el pueblo, prendía velones y echaba chorros de agua rezada en la puerta del negocio. Quería liberarse de los amarres a sus pies. Hacer lo que fuera necesario. Entonces consultó a una médium de José Gregorio Hernández y me llevó con él. El consultorio era tibio: un cuarto pequeño del garaje de esa casa y una pintura del santo en la parte más alta de la pared, al lado de un reloj de números romanos. Cuarenta años después, mi padre va directo a la Biblia, frena los días, lidera guerras espirituales a las once de la mañana, se limpia de entierros, se prepara para la ira de Dios. Me lee y advierte lo que le viene al mundo por encima, cuál es el camino al desierto.

Sigue leyendo este ensayo en nuestro reader II de nuestra residencia el cantar del caos mundo: comenzar el desvío, pronto en librerías.

 

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Créditos: Fotografía análoga por Angy de la Rosa como parte del registro documental de El Cantar del Caos-Mundo, Travesías Terremoto, 2025. República Dominicana.